Lucia Estrada
XXIII

Y si esta piedra fuese nuestro pan
y esta palabra sombra
la única luz que nos asiste al terminar el día
y si la luz fuese la prueba de nuestro abandono
y si el abandono fuera nuestra más firme certeza
y si la certeza fuésemos nosotros mismos
en manos de la muerte
y si la muerte se abriera como el exilio de un cuerpo
que se resiste a la nada
y si la nada fuese nuestra mesa
y la copa en que bebemos un vino amargo y lejano
y si la lejanía se agolpara de pronto
en la terrible inocencia de permanecer
con los ojos abiertos
y si los ojos fuesen las puertas de nuestra derrota
y si la derrota trazara el mapa del destino
como el pájaro enfermo la grieta
de su soledad en el aire
y si el destino cayera sobre nuestra página en blanco
y barriera las hojas de lo que un día
fue nuestro árbol primero
y si el árbol se inclinara sobre las ruinas del amor
y las cubriera de musgo y hundiera en ellas sus raíces
y si las raíces fueran el cielo y el vacío de unas manos
que nunca han de aferrarse a cosa alguna
y sin embargo escriben en la piedra
y siguen el curso de su noche cerrada
y si la noche no fuese otra cosa que la noche
intemperie
verticalidad de un hombre solo
en su caída.