NATALIA GONTCHAROVA

Opondré a tu belleza
la certidumbre de mi espanto,
a tu inmovilidad de cisne
la roja pulsión de la sangre
al borde de la pesadilla.
Tú, la más diestra cortesana
de los jardines prohibidos,
no podrías resistirla verdad de
mi abrazo
ni las agujas de la fatalidad
que hundo en aquellos que osan mirarme.
Nunca tendré tu rostro.
Levanté sobre su máscara
mi escritura de hueso
y ángeles terribles,
ahogué con ceniza
el camino de perfección
que habías trazado.
Tú no estabas en mí
como la primera serpiente.
Algo se detuvo
y siguió la senda contraria,
y crece lejos de ti
como una señal
en el ojo de la reina.