Lucía Estrada

12.07.2013 21:33

 

Todas las voces están huérfanas de sí, 
y en esa orfandad se asisten, se acompañan.

Ahí está el misterio. El que no podemos tocar, 
para el que no existen las manos. 
Las manos. 
esa región desconocida que nos acerca y nos aleja al mismo tiempo.

Me pierdo en la penumbra de lo que quisiera gritar y no puede.

El deseo es lo que nos rescata del abismo,
pero también se yergue lo que no admite consuelo.

Palabras como pájaros en la soledad del aire.