Lucia Estrada.

10.06.2013 04:07

Mary Shelley

Vivir en la cercanía de todo,

en el temblor de las hojas,

en la herida viviente del destino.

Y acercarme,

y compartir el horror de sentirse

una materia blanda,

sin lenguaje,

un cuerpo desfigurado

por la excesiva prudencia de Dios.

El viento arrastra el vacío de los ojos,

la boca condenada,

el peso de la eternidad,

el pliegue de la vida vuelta en sentido contrario,

la resistencia de las rosas,

la estrella negra del nacimiento.

¿Por qué no gritas?

¿por qué no destruyes

los castillos de la culpa?

¿por qué no arremetes

contra mi espanto?

¿Por qué no eclipsas la visión?

Hay un lugar reservado para tu abandono.

No aguardes la venida

de lo inevitable.