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Miedo

En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tú del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.
Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labios muertos
bebiendo mis deseos.
Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo
(Foto tomada de internet)
Angustia

Hoy no vengo a vencer tu cuerpo, oh bestia llena
de todos los pecados de un pueblo que te ama,
ni a alzar tormentas tristes en tu impura melena
bajo el tedio incurable que mi labio derrama.
Pido a tu lecho el sueño sin sueños ni tormentos
con que duermes después de tu engaño, extenuada,
tras el telón ignoto de los remordimientos,
tú que, más que los muertos, sabes lo que es la nada.
Porque el Vicio, royendo mi majestad innata,
con su esterilidad como a ti me ha marcado;
pero mientras tu seno sin compasión recata
un corazón que nada turba, yo huyo, deshecho,
pálido, por el lúgubre sudario obsesionado,
¡con terror de morir cuando voy solo al lecho!
(Foto tomada de internet)

Puede ser una tarde con estrellas
La tarde se parece a mí
Soy un hombre melancólico
Soy un poeta.
Cuando tenía 12 años fui a mi primera
fiesta y fue cuando me tocó bailar por
primera vez en mi vida. Me fue muy mal.
No me cogió el paso. Me dijo: no le
cojo el paso y me dejó allí. Y yo fresco.
Pero yo ahora pienso
que si me hubiera cogido el paso ahora yo
sería bailarín y no poeta.
Hay gente que puede ser poeta y bailarín
al mismo tiempo. Pero yo no puedo.
Yo soy un hombre melancólico.
Puede ser la luna a mis espaldas
(Foto tomada de internet)
ALMA

Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.
Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.
(Foto tomada de internet)
¿SABES CUÁNTO

ha resistido la piedra? ¿Cuánto el desierto?
¿Y la profundidad del agua? ¿Cuánto? ¿Y sabes tú
qué silencio rodó bajo los párpados, qué palabra cristalizó la lengua de los muertos?
¿Por cuánta oscuridad y quietud fueron rodeados?
¿Y quién vació de sentido sus visiones? ¿Sabes, acaso,
qué se quedó por decir? ¿A quiénes acudieron,
bajo qué luz, a qué oído hirieron con sus voces?
El viento trae consigo la respuesta,
y en secreto la devolverá tibiamente a la nada.
(Foto tomada de internet)
Como Tinaja

En los días buenos,
de lluvia,
los días en que nos quisimos
totalmente,
en que nos fuimos abriendo
el uno al otro
como cuevas secretas;
en esos días, amor
en mi cuerpo como tinaja
recogió toda el agua tierna
que derramaste sobre mí
y ahora
en estos días secos
en que tu ausencia duele
y agrieta la piel,
y el agua sale de mis ojos
llena de tu recuerdo
a refrescar la aridez de mi cuerpo
tan vacío y tan lleno de vos.
(Foto tomada de internet)
En la Doliente Soledad del Domingo

Aquí estoy,
desnuda,
sobre las sabanas solitarias
de esta cama donde te deseo.
Veo mi cuerpo,
liso y rosado en el espejo,
mi cuerpo
que fue ávido territorio de tus besos,
este cuerpo lleno de recuerdos
de tu desbordada pasión
sobre el que peleaste sudorosas batallas
en largas noches de quejidos y risas
y ruidos de mis cuevas interiores.
Veo mis pechos
que acomodabas sonriendo
en la palma de tu mano,
que apretabas como pájaros pequeños
en tus jaulas de cinco barrotes,
mientras una flor se me encendía
y paraba su dura corola
contra tu carne dulce.
Veo mis piernas,
largas y lentas conocedoras de tus caricias,
que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes
para abrirte el sendero de la perdición
hacia m mismo centro
y la suave vegetación del monte
donde urdiste sordos combates
coronados de gozo,
anunciados por descargas de fusilerías
y truenos primitivos.
Me veo y no me estoy viendo,
es un espejo de vos el que se extiende doliente
sobre esta soledad de domingo,
un espejo rosado,
un molde hueco buscando su otro hemisferio.
Llueve copiosamente
sobre mi cara
y solo pienso en tu lejano amor
mientras cobijo
con todas mis fuerzas,
la esperanza.
(Foto tomada de internet)
Adios

Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!
Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!
¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!
¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!
¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!...
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!
¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más! ...
(Foto tomada de internet)
Chau Mariano

No conocí el paisito
De donde tú llegabas:
Lo busqué en cada mapa
Pero no figuraba.
Por eso, al ver tus ojos
Yo me lo imaginaba
Con un río celeste
Oleando en sus mañanas.
(¿Fue el río el que te puso
de agua la mirada
y esa manera dulce
de apoyarla en la nada?)
No conocí el paisito
De donde tú llegabas:
Por eso,
al oír tu risa
Yo me lo dibujaba
Con una torre alta,
Henchida de campanas.
(¿Fue allí donde aprendiste
a alzar la carcajada
y ese modo de darla
sonora, larga, clara?)
No conocí el paisito
de donde tú llegabas.
Toqué tu piel y dije:
-Viene de donde se ama.
Por eso fui tu amiga:
De puro equivocada,
Que hoy sé que no habría río,
ni torre ni campanas...
Fuiste un sueño apenitas
Y era yo quien soñaba.
Tan sólo había tu pecho
Con la puerta cerrada,
Sin rincón de caricias,
Sin paloma anidada,
Sin lugar para un beso,
Sin luces ni guitarras.
Por eso no podías
Sentir que me hacías falta
Ni beber de a poquito
El color de mi lágrima.
Por eso no podías
Atarte a mis palabras,
La mitad,
entre risas
Y la otra lloradas.
En vano tantos versos
De siesta amanzanada.
En vano tantos versos:
Mi silencio extrañabas.
Por eso ni siquiera
Decirme qué pasaba
En un día cualquiera
Me dejaste olvidada.
Qué triste es despedirte,
Pasajero de mi alma...
Tu recuerdo me sigue
Como un pájaro en llamas.
No podías quererme.
Hoy lo entiendo y me daña
Pero sé que es la vida
La que anuda o separa.
No conocí el paisito
Del que te despegabas
Ni tampoco tú el mío,
Coloreado de infancia.
¿A quién culpar entonces
de estas cosas que pasan?
Me llevo mi solcito:
Le sobra a esta nevada.
Mi última muñeca
Mira y no entiende nada.
Mi última inocencia
Es lágrima en la almohada.
Ya apago los reproches,
Como apago mi lámpara
Mientras una certeza
Se enciende en madrugada:
No pudiste quererme.
Eso es todo.
Qué lástima.
Ahora sí:
Chau, Mariano.
(Foto tomada de internet)
XXIII

Y si esta piedra fuese nuestro pan
y esta palabra sombra
la única luz que nos asiste al terminar el día
y si la luz fuese la prueba de nuestro abandono
y si el abandono fuera nuestra más firme certeza
y si la certeza fuésemos nosotros mismos
en manos de la muerte
y si la muerte se abriera como el exilio de un cuerpo
que se resiste a la nada
y si la nada fuese nuestra mesa
y la copa en que bebemos un vino amargo y lejano
y si la lejanía se agolpara de pronto
en la terrible inocencia de permanecer
con los ojos abiertos
y si los ojos fuesen las puertas de nuestra derrota
y si la derrota trazara el mapa del destino
como el pájaro enfermo la grieta
de su soledad en el aire
y si el destino cayera sobre nuestra página en blanco
y barriera las hojas de lo que un día
fue nuestro árbol primero
y si el árbol se inclinara sobre las ruinas del amor
y las cubriera de musgo y hundiera en ellas sus raíces
y si las raíces fueran el cielo y el vacío de unas manos
que nunca han de aferrarse a cosa alguna
y sin embargo escriben en la piedra
y siguen el curso de su noche cerrada
y si la noche no fuese otra cosa que la noche
intemperie
verticalidad de un hombre solo
en su caída.