Blog
Espejo

Soy plateado y exacto. No tengo preconceptos.
Cuanto veo, lo trago inmediatamente
Tal cual es, sin empañar por amor o desagrado.
No soy cruel, sólo veraz:
Ojo de un pequeño dios, cuadrangular.
Casi todo el tiempo medito en la pared de enfrente.
Es rosada, con lunares. La he mirado tanto tiempo
Que creo que es parte de mi corazón. Pero fluctúa.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.
Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.
Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las bujías o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
Soy importante para ella. Que viene y se va.
Todas las mañanas su cara reemplaza la oscuridad.
En mí ella ahogó a una muchachita y en mí una vieja
Se alza hacia ella día tras día, como un pez feroz.
Lady Lazarus

Lo logré otra vez,
Me las arreglo
Una vez cada diez años.
Especie de fantasmal milagro, mi piel
Brillante como una pantalla nazi,
Mi diestro pie
Es un pisa papel,
Mi rostro un fino lienzo
Judío y sin rasgos.
Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso?
¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.
Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí
Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.
Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.
Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.
Cómo me desenvuelven la mano, el pie
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.
Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.
Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.
La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.
Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas
Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.
Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo
Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:
“Milagro!”
Que me liquida.
Luego una carga a fondo
Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón
De verdad sigue latiendo.
Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre
O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien Herr Doktor.
Bien. Herr Enemigo.
Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebé de oro puro
Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.
Ceniza, ceniza
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda 00
Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.
Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.
Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.
LA ENAMORADA

Esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues.
hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió
enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado
oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú
te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto, tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

Todas las voces están huérfanas de sí,
y en esa orfandad se asisten, se acompañan.
Ahí está el misterio. El que no podemos tocar,
para el que no existen las manos.
Las manos.
esa región desconocida que nos acerca y nos aleja al mismo tiempo.
Me pierdo en la penumbra de lo que quisiera gritar y no puede.
El deseo es lo que nos rescata del abismo,
pero también se yergue lo que no admite consuelo.
Palabras como pájaros en la soledad del aire.
NATALIA GONTCHAROVA

Opondré a tu belleza
la certidumbre de mi espanto,
a tu inmovilidad de cisne
la roja pulsión de la sangre
al borde de la pesadilla.
Tú, la más diestra cortesana
de los jardines prohibidos,
no podrías resistirla verdad de
mi abrazo
ni las agujas de la fatalidad
que hundo en aquellos que osan mirarme.
Nunca tendré tu rostro.
Levanté sobre su máscara
mi escritura de hueso
y ángeles terribles,
ahogué con ceniza
el camino de perfección
que habías trazado.
Tú no estabas en mí
como la primera serpiente.
Algo se detuvo
y siguió la senda contraria,
y crece lejos de ti
como una señal
en el ojo de la reina.
Te negaré

Te negaré una vez
y serás lo indecible, lo inexistente
te negaré dos veces
y el alba se hará una afiladísima espuela
te negaré tres veces
para entonces, habré sido
el gallo que hizo elegías
de tu nombre.

No soy la cala blanca
de montañas vírgenes
A cambio te ofrezco
la savia de mi cuerpo
No soy agua limpia de ríos sagrados
A cambio te ofrezco
el caudal silencioso
de mi espiritu soñador
No soy como el viento del norte
claro y armonioso
A cambio te ofrezco un alma emplumada
dispuesta a volar
No poseo la pureza del fuego
pero si el calor eterno
de mi regazo
No soy guarida de selva
más te ofrezco el refugio cálido
y secreto de mi vientre.

¡No me llames, morena,
que mi color no me apena!
Negra soy, porque así es mi raza,
negra es la sangre
que corre por mis venas.
Negra sangre,
sangre negra,
sangre de raza guerrera,
africana, americana,
colombiana, costeña,
al sonar de unos tambores
danzan solas mis caderas,
mi piel se alimenta de sol,
mi cuerpo es una playa de arena.
Soy negra,
¡a mucho honor!
Café tostado,
rama de canela.
¡Llámame negra!
Sin más pudor.
¡Llámame negra!
Que no me apena.
(Foto tomada de internet)
Cuerpo erótico

El aliento de tus manos flameantes
sopla el abanico de mi aureola,
resuenan los timbales de mis labios
al contacto de tu piel humedecida.
Brota el manantial de tus oquedades
como fragancia que emerge de las rosas
y el envolvente hilo de tus brazos
se enreda en telaraña entre mis piernas.
La tibieza de tu piel color canela
sacude la sutileza silvestre de mi vientre,
se estremece el cortejo de mis labios
libando el polvillo de las flores.
Tu cuerpo se perdió dentro del mío
como las sendas que extinguió el rocío,
nuestras mentes fundidas se envolvieron
igual a las olas que se llevó el viento.
(Foto tomada de internet)